no tenemos planeta B

“¡Directo al horno!”

Publicado: 2013-10-31

“¡Maten a ese bastardo!”, “¡directo al horno!”, “¡judío enfermo!”. Fueron algunos de los 20 agravios y amenazas anónimas en el principal portal electrónico de noticias en Estonia. Eran parte de 185 comentarios a un artículo que narraba la decisión de un empresario (al parecer de origen judío) dueño de una línea de ferrys cuyas rutas había decidido modificar lo que, por lo visto, disgustó a algunos.

Se inició un juicio al que le siguió un proceso internacional y una sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) dictada hace dos semanas. En el proceso nadie discrepó con que los términos habían sido, en efecto, agraviantes y amenazantes. El tema de fondo era cómo evitar que algo así pudiera ocurrir y quién –o quienes– son los responsables de “excesos” como esos en los medios electrónicos.

Blogs, Twitter, Facebook y demás ofrecen hoy a la gente extraordinarias rutas para informarse y, lo que es más importante, para opinar y encontrar opiniones. Es fascinante el impacto y la versatilidad de los medios electrónicos de difusión. Balance excepcional. En contextos en los que en algunos países se impone una asfixiante concentración en el control de los tradicionales medios de difusión (diarios y canales de televisión), es un consuelo que existan estas rendijas informáticas. Que dan oxígeno frente a la mutilación de la libertad de expresión y de información, que se ven amenazadas no solo por las dictaduras.

Sería un grave error, sin embargo, “santificar” a los medios electrónicos o asumir que son un producto en el que no se manifiestan también las mismas contradicciones que en el resto de la sociedad. En este alud de opiniones y comentarios por millones de personas, “colgándose” minuto a minuto de las noticias de los medios electrónicos, uno de los dilemas más grandes del presente es cómo enfrentar los comentarios anónimos difamatorios y hasta amenazantes sin afectar la libertad de expresión.

El derecho a la libertad de expresión está limitado –como cualquier derecho– por otros derechos. Particularmente el derecho a la honra, a la propia imagen y a la intimidad. La dificultad suele estar en cómo establecer el equilibrio y ponderación entre derechos. El reto es que los medios electrónicos no acaben convirtiéndose, por falta de reglas equilibradoras, en otro monstruo por encima de los derechos de la gente. Más allá de los detalles del caso, destacan tres temas que vale la pena comentar a propósito de un asunto como este.

Primero: Los comentarios de origen anónimo. El TEDH no cuestiona el derecho de usuarios de determinadas páginas electrónicas de ejercer su derecho a la libertad de expresión de manera anónima y que el dueño o administrador de un portal no viola el derecho internacional al publicar comentarios anónimos.

Segundo: ¿De quién es la responsabilidad de que en algunos de esos textos anónimos hayan injurias o amenazas? El tribunal europeo es claro –y correcto– al señalar que es el dueño u operador del portal quien está obligado por ley a asegurar que los comentarios anónimos no afecten los derechos de terceros. Poco espacio, pues, para exoneración de responsabilidad porque el comentario, a fin de cuentas, es considerado parte del “producto” que ofrece ese medio. Por otro lado, es el titular del portal casi el único que puede monitorear los contenidos de su portal electrónico.

Tercero: ¿Cómo ejercer esa responsabilidad? No es fácil dar con una “fórmula” para “filtrar” los comentarios anónimos ostensiblemente atentatorio de derechos de terceros y violatorio del derecho, pero no es imposible que cada medio diseñe mecanismos apropiados.

En cualquier caso, el reto que parece plantear el TEDH –y que resulta aplicable no solo a los europeos– es el del ejercicio de la responsabilidad por cada titular de un medio electrónico para equilibrar los derechos e intereses en conflicto. Todo un tema para el futuro. Que no tiene por qué privar a los medios electrónicos de su fuerza, creatividad y vitalidad sino, que les dará más legitimidad.


Escrito por

Diego García Sayán

Abogado. Ha sido presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Ministro de Relaciones Exteriores y Ministro de Justicia.


Publicado en

Pisando fuerte

Miradas globales enfocadas sobre derechos, sociedad y medio ambiente.