rechaza cualquier tipo de violencia

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Un obispo contra el Vaticano

Publicado: 2013-09-20

Curioso el impromptus del purpurado limeño contra el árbitro del partido Perú- Uruguay. La nacionalidad del árbitro (argentino), que explicaba su supuesta “parcialidad”, operó como gatillador de insólita y violenta filípica. Mis amigos sicoanalistas me dicen –todos– que se trataba en realidad del implacable subconsciente del purpurado apuntando a la nacionalidad del Papa y no a la derrota deportiva frente a Uruguay.

Desde que asumiera el primer Papa latinoamericano el panorama de la iglesia católica ha estado signado por la renovación, la esperanza y la inclusión. Metiéndole diente, entre otras cosas, a la inescrutable y oscura banca vaticana. Una dirección renovadora que va en dirección distinta a una lógica sectaria, excluyente y de rituales imperiales. Y que se abre más a la inclusión, la tolerancia y la austeridad. Lo que va en contravía, como es evidente, de quien, como el purpurado limeño, es tan dado a promover discordia y enfrentamiento y, a la vez, tan afecto al boato y a los oropeles.

Tres asuntos particularmente notorios, ocurridos en las últimas semanas, han puesto crudamente en la vitrina el siempre polarizante papel del purpurado local. Primero, el nuevo tratamiento del Vaticano a Gustavo Gutiérrez y a la teología de la liberación. Segundo, un abordaje distinto al tema de la homosexualidad. Tercero, la reciente destitución que habría producido el Papa a un obispo auxiliar en una localidad andina del Perú por acusaciones de pedofilia. Todo parecería marchar, pues, con un viento muy distinto al que usualmente agrada al purpurado limeño.

Gustavo Gutiérrez. Uno de los latinoamericanos más brillantes y, además, más entregados a la causa de la justicia y de los pobres. Que fue llevado al ostracismo por Cipriani, tanto que tuvo que hacerse dominico para seguir ejerciendo el sacerdocio. Recibido por el Papa la semana pasada y cercano al nuevo prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Arzobispo Gerhard Müller, con quien Gutiérrez tiene cercana relación, este gesto papal marca una pauta de tolerancia e inclusión que, como ha sido evidente, no gusta a todos.

El ostensible cuestionamiento o “ninguneo” por Cipriani es lamentable y no tiene precedentes. Ahora pretende “corregir” hasta al Papa. ¡Así estamos! Veamos si este nuevo viento vaticano lleva también al levantamiento de la arbitraria sanción impuesta el año pasado, a instancias del mismo purpurado limeño, contra otro peruano digno y entregado a los pobres como el padre Gastón Garatea.

La homosexualidad. Cualquiera puede opinar lo que quiera sobre la materia. Teniendo en cuenta, por cierto, que la jurisprudencia internacional vigente obliga a los Estados a no discriminar ni privar a nadie de ninguno de sus derechos por su orientación (no “opción”) sexual. Un pastor de la iglesia tendría no solo que atenerse al Derecho y respetarlo y no ser intolerante, como lo ha sido, sistemáticamente, el purpurado limeño en su delirante homofobia. Desde decir que los homosexuales no están en “el plan de Dios”, llamarlos “mercadería dañada” hasta acusarlos de tener una “inclinación objetivamente desordenada” (2005). Verbo florido en las antípodas de la tolerancia a la que parece convocar el papa Francisco: “Si una persona es gay, ¿quién soy yo para juzgarlo?”.

Finalmente, la pedofilia cometida por agentes de la iglesia. Tema gravísimo. En estas mismas páginas propuse, hace más de tres años (LR, 21/05/10), una acción de la iglesia peruana dado el silencio sepulcral al respecto de nuestro siempre locuaz purpurado. Propuse que la iglesia peruana instalara un espacio de “verdad y justicia” para recoger quejas y denuncias sobre el tema. Nada se hizo.

Impune hasta hoy en el Perú, en las últimas semanas algo parece haberse movido desde el Vaticano. No hay información oficial disponible pese a que es un asunto de interés público. Es indispensable que se confirme –o desmienta– lo que es un secreto a voces: la destitución en agosto de un obispo auxiliar, perteneciente al Opus Dei. Su nombre y foto, sintomáticamente, ya desapareció de la página web del respectivo Arzobispado andino. De ser cierto correspondería, no solo total transparencia en la información sino una acción inmediata del Ministerio Público. Temas pendientes, pues.


Escrito por

Diego García Sayán

Abogado. Ha sido presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Ministro de Relaciones Exteriores y Ministro de Justicia.


Publicado en

Pisando fuerte

Miradas globales enfocadas sobre derechos, sociedad y medio ambiente.